«Dios había enseñado los secretos de la filosofía
natural y de la verdadera religión a algunos elegidos. Con el paso del tiempo,
este conocimiento se perdió, aunque sería redescubierto parcialmente e
incorporado a las fábulas y las fórmulas mágicas, para de esa manera sustraerlo
a los profanos; ahora, en los tiempos modernos, podría ser recuperado de nuevo
por medio de la experiencia».
Betty Jo Teeter Dobbs (1930 –
1994)
En estos comienzos
de planificación, de puesta en orden y focalización de objetivos para
reconducir nuestra visión vital hacia el centro armonizado que pretendemos, no
podemos olvidar que estamos iniciando una exploración muy particular llena de
obstáculos internos y externos.
La mayoría de las
propuestas místicas tradicionales nos proponen desarrollar la capacidad de
desconexión con las corrientes mayoritarias. Definir nuestro camino particular
en relación a nosotros y sobre el contexto no nos obliga necesariamente a
comulgar con ningún elemento público que nos aparte de nuestro camino personal.
La sociedad está
repleta de propuestas desequilibrantes, desde el teléfono móvil con su
incesante llamada de atención hasta las modernas redes sociales que nos llevan
a un declive de nuestra voluntad para que dejemos progresivamente de prestar
atención al foco real de nuestra existencia.
Estos elementos
inevitables son vitales ya para el desarrollo de cualquier actividad social
pública en tanto una gran parte de la sociedad opera en base a ellos. Nosotros
no pretendemos aislarnos, más bien ajustar el enfoque para que estos extractores
del presente no nos arrastren lejos de nuestra conciencia real del
instante continuo.
Es el momento,
dentro de nuestra actividad de exploración, de buscar elementos que nos ayuden
a fijar nuestros patrones, que nos permitan unificar nuestra actividad interna
aplicando protocolos de actividad, afines a esta filosofía, que refuercen
nuestra voluntad, nos ayuden a clarificar nuestra mente y a organizar de forma
efectiva el flujo de nuestras energías más profundas.
Actividades como
el Yoga, la meditación, el Qi Gong o el Taijiquan, nos pueden ser de gran ayuda
para consolidar nuestra unión cuerpo/mente en un cuerpo de prácticas
psicofísicas que nos acerque a estos fundamentos sensitivos del instante.
Respirar,
movernos, sentir y escuchar nuestro interior no siempre es fácil cuando estamos
inmersos en la vorágine contaminante de una masa que se deja arrastrar por
aquellos cuyos egos reposan en la conciencia dirigente de quienes se creen más
que otros.
No nos referimos a
los grandes hombres que nos han transmitido tanto sobre el sentido de nuestra
búsqueda, nos referimos a los que deciden las tendencias globales, desarrollan
las estrategias para implantarlas evaluando y midiendo el impacto de sus
procesos para afinarlos todo lo que se pueda guiando a esa masa, a veces irresponsable,
a veces inculta, a veces cómoda, a veces inconsciente, hacia el páramo que a
ellos más les interese.
Esta inercia no es
fácil de superar ya que no pretendemos auto extirparnos de la sociedad, tan
solo seguir nuestro camino sin que nada lo contamine. Para ello, para limpiar
asiduamente, regenerar y armonizar nuestras energías sutiles, puede ser de gran
ayuda asistir regularmente a este tipo de actividades de unificación y equilibrio
que hemos mencionado antes. En estos espacios también conseguimos encontrar a
personas de búsquedas similares y energías no tan contrarias a las propuestas
interiores que buscamos.
Aprender en estos
espacios y practicar en el ámbito de nuestros hogares aquellas propuestas de
equilibrio, relajación, comprensión, delicadeza, escucha interior, respiración
y movilidad puede aportar a nuestros lugares de reposo un aliciente más para
estar en ellos y disfrutar del instante.
Las propuestas
dadas por los místicos han sido muchas a lo largo de la historia. El enfoque de
su aprendizaje y práctica radica fundamentalmente en una conciencia clara de
que nuestro cuerpo, nuestra mente y nuestro espíritu son una manifestación
constante y unificada de nuestro Ser en un universo inmediato. Es importante no
perderse en las miles de ofertas tradicionales y modernas existentes en esta
dirección.
Nuestro consejo es
elegir la que más nos atraiga, buscar el lugar más próximo y cómodo para
realizarla siempre que cuente con una bagaje histórico comprobable y un
profesorado debidamente cualificado y coherente con su mensaje. Centrarse en
desarrollar el hábito de asistencia a las sesiones y, poco a poco, desarrollar
la autonomía suficiente para poder trasladar lo aprendido a nuestra práctica
solitaria personal nos permitirá disfrutar, cada vez más, de las experiencias
que nos proporcionen.
Sin tiempos, sin expectativas,
sin objetivos definidos en plazos que siempre suelen ser injustos con los
acontecimientos mundanos. Aplicando nuestro desapego más directo, pero a la vez
desarrollando el sentimiento de utilidad que lo aprendido tiene para nuestra
actividad interior.
Mejorará nuestra
salud, nuestra tranquilidad y nuestra capacidad de conectar con lo más profundo
de un Ser que necesita manifestarse en cada acto de nuestra existencia.


