¿Por qué
suponerlo, si puedes ver lo que hay que hacer y, si lo ves, puedes ir en esa
dirección con amabilidad, sin mirar atrás? Si no lo ves con claridad, aplázalo
y recurre a los consejeros más sabios. Si tu intención encuentra obstáculos,
avanza según los recursos del momento, sopesando tus medios para permanecer
junto a lo que parece justo. Porque lo mejor es conseguirlo, y lo contrario es
fracasar. El hombre que siempre es razonable es tranquilo y resulto, alegre y
sosegado
Meditaciones de
Marco Aurelio. Libro X
Para ver lo que tenemos o debemos hacer es fundamental
permanecer en el máximo estado de calma interior. Esta calma nos permitirá
dirigir toda nuestra energía a la observación del mayor número posible de
matices y detalles de la cuestión sobre la que tenemos que decidir. A su vez,
permitirá que conectemos nuestra parte consciente, la que recaba los datos el
momento, con nuestra parte inconsciente, la que contiene el fundamento último
de nuestro principio y la claridad de acción sobre lo que le corresponde a
nuestra naturaleza.
No olvidemos que en muchas ocasiones, nuestra dificultad
para decidir no queda entre los paréntesis exclusivos de lo que entendemos por
duda. Más bien obedece a la falta de coherencia entre la respuesta que ya hemos
dado interiormente a la situación y la que correspondería realmente a nuestra
verdadera naturaleza interior. Solemos saltar esta dificultad aplicando un
importante volumen de energía en tapar los reflejos de nuestra guía interior,
creando un argumentario lo suficientemente convincente para que nuestras
propias cuestiones relacionadas con nuestra incongruente próxima acción no
tengan posibilidad de réplica.
Si observamos este fenómeno tranquilamente veremos con
claridad que la única solución para resolver esta situación es una apuesta
absoluta por desarrollar una personalidad íntegra, sólida y coherente con
nuestra naturaleza interior debidamente purificada.
Este desarrollo ocurre en el exterior de nuestras vidas y
en el interior de nuestros hogares. En ellos necesitamos fijar la energía que
nos permita detenernos, calmarnos y dirigir su foco a la cuestión relacionada
con nuestra naturaleza profunda. En el exterior resulta muy complejo diseñar el
escenario, pero en el interior de nuestras casas, de nuestros templos
personales, es posible y debemos abordar esta tarea como un complemento de gran
importancia en nuestra búsqueda.
Hablábamos en la entrada anterior sobre la necesidad de
fijar la imagen mental de nuestro hogar como si de un templo se tratara. Para
hacerlo es muy importante que dediquemos unos momentos para observar nuestra
casa con detenimiento. Es un espacio habitado por nosotros que no siempre se
ajusta a nuestras necesidades interiores. Es posible que su diseño, su
distribución y la organización doméstica que utilizamos estén basados casi por
completo en nuestras necesidades exteriores.
Nuestro hogar siempre es un lugar especial en nuestra vida.
Para el hombre prehistórico, disponer de un espacio en el que refugiarse se
convertía en algo imprescindible ante las inclemencias de la naturaleza.
También resultaba ser un espacio en el que expresaban sus primeras inquietudes artísticas
con pinturas rupestres que retrataban situaciones cotidianas de sus vidas y
también su relación con la naturaleza como entidad poderosa que podía decidir
sobre ellos.
Nuestros actuales hogares son mucho más que una caverna
en la que pintar las paredes, son el reflejo de una sociedad que ha crecido en
complejidad enormemente. Adquirimos muchas cosas por inducción publicitaria y
por necesidades adquiridas de múltiples formas distintas.
Si nos detenemos un momento podremos ver que muchas de
las cosas que ocupan nuestro espacio cumplen exclusivamente esa función, llenar
vacíos.
Desde este momento tranquilo de análisis tendríamos que
fijar un par de objetivos derivados de él, el primero aclarar qué es lo que
verdaderamente necesitamos. El segundo foco deberá ir dirigido a concretar
dónde queremos que esté cada cosa justificando el sentido de dicha ubicación.
Pensemos en nuestra casa. Un espacio para la
alimentación, un espacio para el estudio, un espacio para la higiene, un
espacio para el descanso, un espacio para almacenar los objetos necesarios para
hacer todas estas cosas y, por último, un espacio para encontrarnos y fluir con
nuestros semejantes. Aunque es un esquema muy simple, la definición de cada uno
de estos espacios en relación con nuestra naturaleza interior puede hacer que
no exista ni una sola casa que contenga las mismas cosas aun utilizando esta
misma matriz.
Este primer paso para acondicionar nuestro templo puede
llevarnos el tiempo que necesitemos, pero es fundamental que dediquemos una
reflexión para cada uno de estos espacios decidiendo cuál es el mejor lugar
para ubicarlos y qué necesitamos en ellos para hacerlo de forma cómoda, práctica y,
sobre todo, útil para definir una forma de acción que nos permita el
crecimiento personal dirigido hacia nuestro centro.
Como propuesta de partida nos planteamos analizar la entrada de nuestra casa. La entrada
representa el espacio que divide el mundo exterior de nuestro mundo interior.
Es un equivalente arquitectónico con nuestro pensamiento racional, el que nos
comunica con ambas direcciones de nuestro espíritu.
La entrada es el lugar en el que recibimos y despedimos.
Es el punto de encuentro con nuestro templo, el comienzo de la danza vital
interior que va a producirse nada más traspasar sus límites. Si lo observamos desde la llegada, debe ser un espacio
que nos permita depurar lo que hayamos podido traer de negativo del exterior.
También un espacio en el que dejar todo aquello que no va a servirnos o que
podemos excluir de nuestra vida en el hogar.
Elegir el color que más nos guste para la entrada es una
buena forma de definir esta primera sensación. Aportarle luminosidad, si es
posible natural, es una buena forma de simbolizar la naturaleza de nuestro
espacio que, al igual que la nuestra, está dirigida hacia la luz. Todo el
mobiliario que incluyamos en ella debe reflejar belleza, debe gustarnos, debe
agradarnos para hacernos sentir cómodos en nuestra llegada y para comunicarnos
lo que vamos a encontrar a partir de ese punto. Los retratos de nuestros seres
queridos y algún elemento natural (flores, plantas, un cuadro que refleje la
naturaleza) también nos ayudarán a cambiar nuestro estado emocional al llegar a
nuestro templo.
Evitar la aglomeración de objetos y el desorden marcarán
nuestra intención interior de equilibrio y simplicidad. También el olor de este
espacio es muy importante. Si llegamos y nos recibe una fragancia natural que
nos guste podremos olvidar con mayor facilidad muchos de los olores que nos han
seguido hasta la puerta.
Mantener algunas de estas pautas también nos pueden
estimular a que invitemos a entrar a otras personas a nuestro espacio para
compartir la vida. La recepción, tanto nuestra como de otros, siempre marca un
primer punto que puede influir sobremanera en el desarrollo de las relaciones
en el interior del espacio.
Si vemos este espacio desde la salida, es el punto en el que retomamos los instrumentos
para la práctica exterior. Tenerlos debidamente organizados, ubicados y
preparados para el cambio de sensaciones nos ayudará a salir con la firmeza
necesaria al patio de la vida. Una frase inspiradora en la puerta nos puede
ayudar a recordarnos cómo navegar esas aguas turbulentas, dónde está nuestro
eje y qué maravilloso lugar tenemos para regresar cuando nuestras energías
estén reduciendo su intensidad.
Una frase que nos aconseje la actitud al entrar y al
salir puede ser nuestro mantra personal para utilizar esta zona del hogar como
rampa de despegue y aterrizaje sólida de nuestro espíritu. Para despedirnos de
nuestras visitas podemos crear también en este espacio un sentimiento de
agradecimiento, de amistad y de sincero respeto hacia ellos. No todo lo que
aportamos al lugar es material o sensitivo, también nuestros sentimientos en el
momento de configurarlo y en su alimentación diaria al entrar y salir definirá
intensamente nuestras sensaciones en este punto tan importante de nuestro
hogar.
En la próxima entrada revisaremos un poco cómo plantear
una revisión del conjunto de espacios para definir un orden más o menos lógico
para replantear su lugar, sus contenidos, su configuración interior y nuestro
modelo de acción en esa zona de la casa.


